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El arte de seducción de un abanico

De plumas, de bambú, de encajes, de marfil… y de otros muchos tipos pueden ser los abanicos que desde tiempos remotos han utilizado mujeres y hombres.Un abanico es un instrumento y un complemento de moda que fue inventado y fabricado para que de forma manual pudiese mover aire y facilitar la refrigeración cuando se está en un ambiente caluroso, principalmente si es un local cerrado donde no haya corriente natural de aire.

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Abanicos y sombrillas para bodas

Por una especie de norma -no establecida- y para disfrutar del buen tiempo la mayoría de las bodas se celebran durante verano, por lo que seguro terminaremos casándonos en un caluroso día, o celebrando el enlace en un jardín, en el campo o frente al mar… Así que, nada mejor para mitigar el calor de nuestros invitados que obsequiarles abanicos y/o sombrillas. Los abanicos son un clásico, no importa en cuántas bodas has recibido uno sino que el que tú obsequies marque la diferencia. Además hoy en día puedes encontrar desde modelos básicos hasta modelos coloristas y originales. De cualquiera de las formas, apuesta por el abanico como detalle de bodas: es clásico, elegante y nunca está demás tener uno… o tener otro. Las sombrillas o parasoles, es el regalo de moda. Son las típicas sombrillas chinas de tela o papel y son perfectas para ceremonias y cócteles celebrados al aire libre, pues resguardarán de los rayos del sol a tus invitados y a la vez darán un toque perfecto a la decoración. Las clásicas son las sombrillas de colores con dibujos pintados a mano, pero también las puedes encontrar unicolor y lisas. En el día de la boda, para presentar los abanicos y sombrillas, puedes optar por colocarlos a la entrada de la ceremonia o recepción dentro de cestas de mimbre o barreños de zinc, para que cada invitado coja una. También puedes dejarlos dispuestos sobre los bancos y sillas antes de la ceremonia. Para adornar los abanicos y sombrillas tan sólo átales una simple lazada de cintas o rafias y cuélgales una pequeña tarjeta (con el nombre de los novios y fecha del enlace) o pasa de cualquier ornamentación.Nos trasladamos hasta el continente asiático para nuestra manualidad de hoy. Concretamente a Japón, donde en el siglo VII se inventó el abanico, un objeto muy útil y a la decorativo que es famoso en muchos países, sobre todo los orientales.Se trata de un trabajo muy sencillo que podéis realizar con vuestros niños, puede servir de adorno o como complemento ideal para un disfraz oriental. Los materiales (baratos y sencillos) son: una cartulina de color, una cinta de tela, pegamento, tijeras y algún elemento decorativo pequeño como purpurina o alguna gema o cristal de plástico.Primero cortamos la cartulina de forma rectangular, y en uno de los laterales (de mayor tamaño) pegamos la cinta de tela, que puede ser de cualquier color o con bordados, nos servirá cualquier resto de algún trabajo que tengamos por casa.Luego dobla la cartulina en forma de abanico o acordeón, es decir, hacia un lado y hacia el otro con unos dos o tres centímetros entre cada doblez. En la parte contraria a la que hemos pegado la cinta de tela, juntaremos los pliegues y los pegaremos con pegamento (mejor líquido) para formar el mango. Si nos ha sobrado un poco de tela, también podéis enrollarla y pegarla para decorar esta parte que sirve para agarrar.Ya solo nos falta añadir un poco de decoración. Para la purpurina, pon pegamento en los pliegues y añade la purpurina por encima, después de esperar un rato soplad para eliminar aquella que no se haya pegado. Solo queda pegar una gema de plástico el mango para que sea un auténtico abanico oriental. Si por el contrario, no queréis añadir nada, antes de hacer los pliegues se pueden pintar sobre la cartulina distintos dibujos típicos como letras chinas o cerezos en flor.

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El abanico de formato plegable

Una leyenda sitúa la aparición del Abanico  plegable en torno al siglo VII d. C., y atribuye su invención a un fabricante japonés que tuvo la idea al observar las alas de un murciélago. Corrobora esta leyenda el hecho de que los primeros abanicos plegables se denominaban “komori”, palabra que en japonés significa murciélago.

En Europa, el Abanico plegable aparece en el siglo XVI, probablemente a través de Portugal, país que en aquella época mantenía una intensa actividad comercial con Oriente. Así, en el viaje que Dª María de Portugal realiza a España en 1543 para casarse con Felipe II, se relaciona un “abanillo” que, en opinión de Pastor Cerezo, probablemente ya fuera plegable, constituyendo una de las primeras referencias de esta nueva modalidad de abanico.

La representación pictórica del nuevo Abanico no se hace esperar, y uno de los primeros ejemplos, podemos verlo en el Retrato de la Infanta Juana de Austria, de Antonio Moro (1519-1576), convirtiéndose desde entonces en un objeto habitual en los retratos femeninos.

En los siglos XVII y XVIII el abanico plegable alcanza una gran difusión, especialmente en Italia, Francia, España e Inglaterra, pasando a ser un instrumento de distinción, elegancia y coquetería femenina; siendo, en opinión de Isabel I de Inglaterra, el único regalo que podía aceptar una reina. Esta soberana poseía una gran colección de abanicos (siempre se retrataba con alguno de ellos), al igual que la reina Cristina de Suecia e Isabel de Farnesio (segunda mujer de Felipe V), llegando esta última a reunir 1636 ejemplares diferentes. La también reina de Suecia Luisa Ulrick, llegó a fundar en 1774 una Orden del Abanico para las damas de su corte.

En tiempos de Luis XV la etiqueta prohibió a las damas de la Corte abrir sus abanicos en presencia de la reina, a no ser en forma de bandeja para ofrecer algo a la soberana.

Desde mediados del siglo XVII el abanico es ya un objeto de moda, generalizándose su uso entre las mujeres de todas las condiciones en la centuria siguiente. En esta época, se convierte en un complemento femenino imprescindible, utilizándose, además de su función original, para ocultar o mostrar emociones, de ahí que Moliere lo denomine “biombo del pudor”. Sin embargo, no todas las mujeres poseían la misma gracia o habilidad en su manejo, opinando Mme. de Staël que en este detalle es el que se aprecia la distinción de las damas

Una leyenda sitúa la aparición del Abanico  plegable en torno al siglo VII d. C., y atribuye su invención a un fabricante japonés que tuvo la idea al observar las alas de un murciélago. Corrobora esta leyenda el hecho de que los primeros abanicos plegables se denominaban “komori”, palabra que en japonés significa murciélago.

En Europa, el Abanico plegable aparece en el siglo XVI, probablemente a través de Portugal, país que en aquella época mantenía una intensa actividad comercial con Oriente. Así, en el viaje que Dª María de Portugal realiza a España en 1543 para casarse con Felipe II, se relaciona un “abanillo” que, en opinión de Pastor Cerezo, probablemente ya fuera plegable, constituyendo una de las primeras referencias de esta nueva modalidad de abanico.

La representación pictórica del nuevo Abanico no se hace esperar, y uno de los primeros ejemplos, podemos verlo en el Retrato de la Infanta Juana de Austria, de Antonio Moro (1519-1576), convirtiéndose desde entonces en un objeto habitual en los retratos femeninos.

En los siglos XVII y XVIII el abanico plegable alcanza una gran difusión, especialmente en Italia, Francia, España e Inglaterra, pasando a ser un instrumento de distinción, elegancia y coquetería femenina; siendo, en opinión de Isabel I de Inglaterra, el único regalo que podía aceptar una reina. Esta soberana poseía una gran colección de abanicos (siempre se retrataba con alguno de ellos), al igual que la reina Cristina de Suecia e Isabel de Farnesio (segunda mujer de Felipe V), llegando esta última a reunir 1636 ejemplares diferentes. La también reina de Suecia Luisa Ulrick, llegó a fundar en 1774 una Orden del Abanico para las damas de su corte.

En tiempos de Luis XV la etiqueta prohibió a las damas de la Corte abrir sus abanicos en presencia de la reina, a no ser en forma de bandeja para ofrecer algo a la soberana.

Desde mediados del siglo XVII el abanico es ya un objeto de moda, generalizándose su uso entre las mujeres de todas las condiciones en la centuria siguiente. En esta época, se convierte en un complemento femenino imprescindible, utilizándose, además de su función original, para ocultar o mostrar emociones, de ahí que Moliere lo denomine “biombo del pudor”. Sin embargo, no todas las mujeres poseían la misma gracia o habilidad en su manejo, opinando Mme. de Staël que en este detalle es el que se aprecia la distinción de las damas

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El abanico sus inicios venta a mayoristas y tiendas online

Abanicos, historia e inicios de este artilugio tan querido,  común y especial a la vez es incierto y se pierde en el tiempo. Se podría afirmar que se halla en épocas prehistóricas, cuando el hombre descubre el fuego y para avivar las brasas recurre a agitar el aire con cualquier objeto a modo de abanico.

Suposiciones a parte, tenemos conocimiento de que los abanicos fueron empleados por egipcios, babilónicos, persas, griegos y romanos, gracias a la aparición de este instrumento en las representaciones artísticas de estos pueblos.

De Egipto, la representación más antigua que se conoce está en la cabeza de una maza ceremonial que se encuentra en el Asmolean Museum de Oxford. Perteneció a Narmer, que en torno al año 3000 a.C. unificó por primera vez el Alto y Bajo Egipto, y representa un cortejo real en el que aparecen dos esclavos con abanicos

Los abanicos egipcios eran de gran tamaño, fijos, de forma semicircular, de plumas y de largos mangos. Su función era doble: por un lado servían para dar aire y, por otro, espantaban los insectos.

Con el paso del tiempo el abanico se fue convirtiendo en un objeto ornamental indicativo de poder.

En la actualidad el abanico se emplea mucho como regalos para bodas, para los recuerdos de las invitadas, en www.kondiferencia.es encontraremos una sección dedicada a los abanicos donde podremos encontrar una gran variedad de abanicos de madera, abanicos pintados especiales para bodas.

Otras representaciones egipcias en las que aparecen abanicos las encontramos en las tumbas de Beni-Hasan, de la XII dinastía (1791-1796 a.C.), en los bajos relieves del Rameseo (dinastía XIX) y en los frescos de Medinet-Habu (dinastía XX).

Griegos y romanos utilizaron abanicos, y prueba de ello son las citas literarias de diversos autores clásicos. Así, por ejemplo, Eurípides en su tragedia Helena habla de un eunuco que abanica a la mujer de Menelao mientras duerme, con el objeto de que los insectos no molesten su sueño; citando también este instrumento Menandro en su Eunuco, y Plauto, Marcial, Ovidio, Tibulo e Propercio en sus obras. Los griegos tenían abanicos de varias clases: el miosoba, el ripis y el psigma; constituyendo para las mujeres atenienses el cetro de hermosura.

Por su parte, los romanos lo denominaban flabelo, recibiendo el nombre de muscaria los que se utilizaban para espantar las moscas.

En China la tradición del abanico es milenaria, remontándose a tiempos del emperador Hsien Yuan, alrededor del año 2697 a. C. Una leyenda atribuye su invención a la hija del mandarín Kan-Si, quien durante un baile de máscaras y para mitigar el calor, agitó su antifaz muy cerca de la cara para darse aire, realizando esta operación con mucha rapidez para no dejar ver su rostro a los hombres presentes, gesto que fue imitado por otras mujeres que asistían al evento.

Algunos autores afirman que la constancia arqueológica más temprana se remonta al siglo VIII antes de Cristo para el abanico fijo en China y al siglo IX (877 después de Cristo) para el abanico plegable en Japón.”

En Occidente, durante la Edad Media, el abanico o “flabelum” pasa a formar parte de la liturgia cristiana, empleándose en la consagración para proteger la Eucaristía de los insectos y refrescar al celebrante. Después del siglo.XIV el flabelo cae en desuso en la iglesia romana (reservándose solamente para misas solemnes y procesiones papales hasta su desaparición definitiva después del Concilio Vaticano II), pero se conservó en las iglesias griegas y armenia donde recibe el nombre de “rhipidion”.

El abanico era también conocido por incas y aztecas, pues entre los presentes de Moctezuma a Hernán Cortés figuraban seis abanicos de plumas.

En España, las primeras referencias del abanico aparecen en la Crónica de Pedro IV de Aragón (siglo XIV), en la que se cita como oficio de los nobles que acompañaban al rey “el que lleva el abanico”. Hay también referencia de este utensilio en los inventarios de bienes del pintor Bartolomé Abella (1429), en el del Príncipe de Viana y el de la Reina Dª Juana (Juana la Loca), este último realizado en 1565. Conviene decir que estos abanicos eran rígidos y de forma redondeada, empleándose generalmente como materiales la palma (en el caso de Abella), la paja, la seda y las plumas de pavón.

Entre los presentes de Colón a Isabel la Católica al regreso de su primer viaje a América, figura un abanico de plumas, material en el que también estaban realizados los cinco encargados por Germana de Foix (segunda mujer de Fernando el Católico) en 1514.

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Los abanicos en china

Los abanicos en China tienen una larga historia. Los descubrimientos arqueológicos revelan que hace por lo menos 2.400 años, ya existían en China abanicos hechos de pluma y bambú.

Además del iridiscente abanico de plumas de pavo real, los chinos crearon el abanico “de biombo”, con tejido de seda tensado sobre un armazón de bambú y montado en un mango laqueado. La estructura de los más antiguos abanicos era completamente diferente a la de abanicos de hoy.

En la antigua China, detrás de los miembros de la familia imperial se colocaban unos abanicos grandes que simbolizan el poder y la posición social supremos.
En el siglo VI d.C., introdujeron este abanico entre los japoneses, los cuales, a su vez, idearon una ingeniosa modificación: el abanico plegable. Este abanico japonés consistía en una pieza de tela de seda unida a una serie de bastoncillos que se abatían unos sobre otros. Según su tela, color y diseño, estos abanicos tenían nombres diferentes y usos prescritos.

Las mujeres, por ejemplo, usaban abanicos de “baile”, de “corte”, y de “té”, en tanto que eran propios de los hombres los abanicos “de montar” e incluso los “de combate”.
Los japoneses introdujeron en China el abanico plegable en el siglo X, y a partir de entonces fueron los chinos quienes realizaron acertadas modificaciones en el diseño japonés. Prescindiendo del tejido de seda tensado entre palillos separados, los chinos lo sustituyeron por una serie de láminas de bambú o de marfil.

Por sí solas, estas láminas, unidas en su parte superior por una cinta, constituían el abanico, también plegable. A partir del siglo XV, los mercaderes europeos que comerciaban en Oriente volvieron con amplios surtidos de decorativos abanicos chinos y japoneses. Sin duda alguna, el modelo más popular era el llamado “brise”, con láminas de marfil intrincadamente talladas y unidas por un cinta de seda blanca o roja.
Difícilmente un guerrero chino o un samurai japonés no llevara uno en su cintura. De hecho, el abanico no constituía sólo una parte más de la indumentaria, ni su única finalidad era “ventilar” al propietario.

En los ejércitos, los oficiales los utilizaban para hacer señales a sus subalternos durante las batallas, y para facilitarlo, era común que portaran más de un abanico con colores diferentes en cada una de sus caras.
Pero el abanico presentaba un uso extra, que trascendía los citados anteriormente: era un arma, especialmente de uso “cortesano”.

En aquellos lugares a los que los guerreros debían entrar desarmados, como los palacios de algunos señores feudales o del mismo Rey o Emperador, el fiel abanico continuaba ligado a su cintura. Si bien, como arma, su eficacia dependía en parte de los materiales con los que eran fabricados (hojas de acero en lugar de madera, fuerte seda en lugar de papel), lo que realmente le daba tal condición era el conocimiento y la habilidad del propietario en las técnicas marciales aplicadas para utilizarlo (s) de a uno o de a dos. Fue así que numerosos estilos de diferentes Artes Marciales desarrollaron técnicas de manejo de abanico.
Por otra parte, los que no eran usados en la guerra se encontraban finamente decorados, pero los motivos no eran meramente estéticos ni elegidos al azar, sino principalmente heráldicos. Los literatos, calígrafos y pintores de la antigua China, escribían y pintaban en los abanicos, convirtiendo este artículo de uso ordinario en un precioso tesoro artístico. Así, el abanico ha generado una especial tradición de gran importancia cultural. Los temas de las pinturas que aparecían en los abanicos eran y son elegidos con esmero. Generalmente son montañas verdes y fuentes frescas, grandes precipitaciones, frutas y verduras y hermosas figuras femeninas.
Hoy día, los abanicos siguen siendo algo así como un lienzo para los artistas contemporáneos.

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Abanicos Suzhou

Los abanicos Suzhou son una de las manualidades finas disponibles en Suzhou. El abanico de madera tradicional puede ser hecho de madera o seda mandarina mientras que los nuevos estilos redondos son hechos de papel.
Los abanicos Suzhou tienen una larga historia y son famosos en casa y en el exterior. El exquisito abanico de madera, el doblado, el abanico de seda de palacio y el abanico de papel son característicos del arte. La producción del abanico de madera incluye unos hilos en forma de zig zag de hierro y a dos lados un arco de bambú con flores grabadas en el. “Flores Planchadas” se refiere a dibujar las flores y caracteres en la madera con un lapicero eléctrico. La pintura es vivida con graduaciones claras y tiene el efecto de dibujar sobre el papel. “Dibujar Flores” se refiere a dibujar mujeres, flores y pájaros, montañas y aguas, en la seda de la parte media superior del abanico. La pintura es colorida y el dibujo fino y delicado.
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Abanicos, obras de arte

El abanico es un fetiche romántico y seductor que tras un periodo de obsolescencia ha recuperado actualidad, aunque ha perdido parte de su misterio. Las mejores piezas realizadas en marfil con incrustaciones de oro rivalizan con otras pintadas a mano por los mejores artistas del XVIII y del XIX.
Los orígenes históricos del abanico resultan difíciles de precisar aunque las primeras referencias datan del año 3.000 a.C. en Egipto.
Se trata de abanicos fijos formados por un penacho de distintos materiales como plumas, tejidos, fibras vegetales, etc., sujetos a un mango largo, eran abanicos ceremoniales o litúrgicos.
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Abanicos

En el mundo de Ideas regalos los abanicos son legendarios.
Si lo que buscas son regalos originales, sin duda la gama de abanicos es ideal para la ocasión. Los abanicos no sólo aportan una opción pintoresca sino que además le agrega un poco de historia y tradición a la mencionada alternativa.
Los abanicos datan del tiempo de la colonia y era un complemento ideal para el vestuario de cualquier dama bien encumbrada. Catalina de Médicis lo introduce en Francia como un accesorio novedoso y de extrema coquetería que con el tiempo tuvo lenguaje propio. Como medio de comunicación sutil, sirvió para llevar a cabo los flirteos más candentes o, por que no los mensajes cifrados de cualquier otra índole. La maestría consistía en cómo se lo empuñaba, con qué mano se lo sostenía y de qué forma las mujeres se abanicaban o lo dejaban retozar en su regazo.

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El arte de seducción de un abanico

De plumas, de bambú, de encajes, de marfil… y de otros muchos tipos pueden ser los abanicos que desde tiempos remotos han utilizado mujeres y hombres.

Un abanico es un instrumento y un complemento de moda que fue inventado y fabricado para que de forma manual pudiese mover aire y facilitar la refrigeración cuando se está en un ambiente caluroso, principalmente si es un local cerrado donde no haya corriente natural de aire.

Cuando hace calor, el sudor se adhiere a la piel y forma una película de aire húmedo que impide la transpiración.

El abanico, al igual que el ventilador, remueve el aire y retira la película, así el sudor puede evaporarse y nos podemos refrescar.

Su funcionamiento es muy sencillo, sólo basta agitar armónicamente el brazo que lo sustenta con más o menos intensidad.

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